martes, 26 de mayo de 2009
Capítulo 2: La misión
Habían pasado ya 15 segundos y Emilio aun no salía de su estupefacción. Así que el ser que tenia en frente de él habló de nuevo:
-Esto… ¿hola? Me llamo Salvador y soy el último enviado de Dios. Creo que lo he dicho de manera comprensible.
Emilio, finalmente pudo controlarse un poco y dijo:
-Hola…mucho gusto… mi nombre es Emilio.
-Lo se, ¿no escuchaste que te dije “Hola Emilio” hace un momento?
-Si, si… lo siento, pero dime… ¿quien eres?
- Salvador, el último enviado de Dios. Por favor, ya es la tercera vez que te lo repito.
Emilio, aun no salía del todo de su asombro. ¿Realmente podía haber en este momento en frente de el un ser enviado por el Dios al cual hace solo unos segundos estaba a punto de negar su existencia? Algo estaba mal aquí, algo sencillamente no encajaba. Su cerebro le decía que esto no era un sueño era demasiado real para serlo. Caminó hacia Salvador para verlo más de cerca, mientras decía:
-¿Dios de verdad te envió?
-Si.
-¿Para convencerme de que el existe?
-No solo a ti, tengo una misión muy importante que cumplir en el mundo.
Emilio tocó a Salvador en el pecho para asegurarse que era sólido. Al verificarlo, tomó su mano derecha y examinó su muñeca, ante lo que Salvador replico:
-No me digas que esperas encontrar marcas de clavos.
El joven soltó la mano de Salvador inmediatamente después de escuchar eso y dijo:
-No, ¡por supuesto que no!… bueno… si.
-No soy Jesús.
-Eres… ¿Un ángel?
-Tampoco. Dios me envío en calidad de digamos profeta.
-Ya veo.
-¿Podemos pasar a tu sala? Acá hace mucho frío y no soy precisamente inmune a los resfriados.
-He… si, si claro, pasa yo ahorita voy… simplemente voy a recoger la taza rota.
Salvador se dirigió a la sala de la casa, mientras que Emilio recogía los pedazos de la taza rota y los llevaba a la basura. Mientras hacia esto aun trataba de asimilar la situación en la que estaba. Tenía a un verdadero enviado de Dios en su casa ¡todas sus dudas existenciales serían resueltas! Pensó eso mientras tiraba los trozos a la basura y se comenzó a emocionar, regresó a la sala y encontró a Salvador sentado en el mismo sillón en el que el había estado hace unos minutos, así que el se sentó en el de enfrente. Finalmente se animó a preguntar:
-¿Por qué has venido a mi?
-¿No fuiste tu el que pidió una señal a Dios?
-Bueno si, pero me esperaba, no se… que la radio se encendiera sola, o que la luz de la sala se apagara o en un caso excepcional ver una estrella fugaz.
-Bueno, pues sucedió que tu señal fue que yo apareciera en frente tuyo.
-Si ya veo. Me has dicho que tienes una misión muy importante que cumplir en la tierra. ¿Puedo saber cual es?
-Debo transmitir la palabra de Dios al mundo.
-¿Hablas de la biblia?
-No, hablo del nuevo mensaje que Dios tiene para los hombres.
-¿Y cual es ese nuevo mensaje si se puede saber?
-El tiempo de los hombres se esta por acabar y estoy aquí para anunciarlo y decirles como deben de prepararse para el día del juicio final en el cual Dios verá sus buenas y malas acciones.
Al oír estas palabras Emilio sintió miedo. Había leído el Apocalipsis en la biblia y siempre pensó que si algún día eso sucediera definitivamente sería después que el muriera. Pero al parecer no será así, vivirá para verlo y sufrirlo si es necesario, ante esto finalmente pregunto:
-¿Y como piensas hacer esto? ¿Vas a predicar en las iglesias?
-Aun no lo sé, pero para eso estas tú. Necesito que me ayudes a integrarme al mundo humano de modo que pueda difundir mi mensaje.
-¿Yo? ¡Pero si soy una persona común y corriente!
-Si lo se ¿pero no dijiste que aceptarías la voluntad de Dios cualquiera que esta sea hace unos minutos en la mesa de tu jardín?
-Si… así lo dije, pero nunca me espere que seria esto.
-Muchas veces lo que esperamos de Dios no coincide con lo que realmente el nos otorga.
-Así es… Y dime ¿Puedes hacer milagros como los hizo Jesús?
-Se me han conferido las mismas facultades que se le otorgaron a Jesús en su momento.
-¿También eres hijo de Dios?
-Todos somos hijos de Dios. El es nuestro padre que nos creó y nos ama. Y de acuerdo al plan que el tiene designado para cada uno el nos ha dado determinadas características propias.
Estas últimas palabras dieron una sensación de alivio a Emilio, ya que pensó que si de verdad Dios le había escogido para ayudar a Salvador en su misión el debería de poder hacerlo de forma satisfactoria. Solo tendría que ponerse a pensar como podría hacer que la gente creyera que realmente existía un enviado de Dios en la tierra en nuestros tiempos por lo cual recordó las acciones pasadas de los personajes bíblicos que habían tenido contacto directo con Dios como Abraham, Moisés y Jesús. Hombres que el conocía vagamente por sus lecturas en clases de religión católica, a las que el tuvo que asistir obligatoriamente una vez en a la semana debido a que estudió en un colegio de padres franciscanos. Finalmente apelando a lo racional comentó:
-Será difícil convencer a la gente que de verdad Dios te ha enviado y más aun con un mensaje como ese, ya que como sabrás no eres el único que dice algo así, tenemos por ejemplo: A los mormones o los testigos de Jehová sin ir muy lejos.
-Y a la iglesia católica en el pasado. Soy conciente que no he venido con una tarea fácil y sencilla, es por eso que necesito de ti. Debes de ayudarme a cavilar la mejor manera de difundir mi mensaje.
-¿Qué tal un canal en youtube? ¿Sabes lo que es?
-Estoy al tanto de los avances de la ciencia humana, se lo que es y no me parece una buena idea, como bien te imaginarias que alguien aparezca diciendo que lo ha enviado Dios y el fin del mundo esta cerca sería tomado como un fanático religioso.
-Si, tienes razón. ¿Qué tal predicar por la calles?
-Peor. Al menos en youtube no nos pueden meter a la cárcel por alterar el orden público.
-Cada vez lo veo más difícil. ¿No hubiera sido mejor que nacieras de una virgen o algo así?
-En estos tiempos eso sería aun menos creíble que el hecho que yo apareciera de repente en el mundo envuelto en una luz, como lo acabo de hacer. Además hace 1400 años nuestro profeta Muhammad no tuvo problemas en predicar nuestro mensaje a pesar de haber tenido un nacimiento de orígenes normales.
Esto último hizo que Emilio casi se cayera hacia un costado de la impresión. Muhammad era el profeta de la religión Islam, una religión que para él era la más radical de todas. Pensó que si iban a predicar en el Islam las cosas serían aun más difíciles pues la sociedad del país en el que estaban: Perú, tenía prejuicios acerca de esa doctrina y además no era la única ya que muchos suelen relacionar a los terroristas del medio oriente con el Islam. Tenia que estar seguro que suelo era el que pisaba así que pregunto:
-¿El Islam es la religión verdadera?
-Si y no. Veras si vives toda tu vida como un buen musulmán es seguro que recibirás tu recompensa por parte de Dios o Allah como prefieras llamarlo. Pero si durante tu vida has profesado otra religión que tenga sus bases sobre buenos patrones de conducta y preceptos morales serás juzgado de acuerdo a ellos.
Emilio estaba atónito, no daba crédito a lo que oía, eso era casi un pensamiento ateo integrándose al ámbito religioso. Al ver su reacción Salvador agregó:
-¿No esperaras que Dios castigue a alguien que ha vivido fiel a la religión de sus padres verdad?
-Cierto, cierto. ¿Sabes? Esto me ha caído como un balde de agua fría. ¿Podría irme a descansar y seguir mañana con la mejor forma de difundir tu mensaje?
-Claro, comprendo. Yo también deseo descansar. Se que tienes una cama extra para cuando un amigo se queda a dormir, esa la usaré yo.
-He… si. Claro.
Se sentía raro estar con una persona que aparentemente lo conocía todo y eso hizo que Emilio tuviera aun mas ganas de irse a dormir. Ambos se levantaron de la sala y se dirigieron cada uno a un cuarto distinto en el segundo piso de la casa, pero nada en este mundo había preparado ni a Emilio ni a Salvador para lo que verían al día siguiente.
Tags: Dios, religión, fin del mundo

